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Jokin-de-Irala_carta

Soy una persona como cualquiera, con cualidades y defectos, con familia, amigos, ilusiones, fracasos y éxitos personales. Intento también alcanzar la felicidad y que quienes me rodean también lo logren. Tras 25 años de carrera profesional, investigadora y docente, dirijo actualmente diversos proyectos de investigación en el área de la epidemiología y la salud pública.

Durante años he acogido con respeto a muchas personas con atracción hacia personas de su mismo sexo que han querido hablar conmigo, dedicándoles el tiempo que necesitaban para sentirse apoyados. Pero desde 2013 no hablo públicamente de la homosexualidad porque no hay un ambiente de sosiego y libertad para poder hacerlo. Por otra parte, nunca ha sido un aspecto esencial en mi trabajo como cualquiera puede comprobar si examina mi curriculum vitae.

Escribo estas líneas porque he sido reiteradamente vilipendiado y falsamente acusado de homofobia (que es un delito), en algunos medios de comunicación. Desde hace varios años, los lobbies LGBT se movilizan y utilizan esta acusación como arma para interferir en mis actividades de catedrático de universidad. Esta acusación cohíbe tanto a algunas personas, que acaban cediendo a sus peticiones de censurarme para no ser públicamente señalados, incluso en contra de un artículo de la constitución española que garantiza la libertad de cátedra (Artículo 20, punto c).

El colectivo LGTB ha sufrido insultos, vejaciones y violencia y, lamentablemente, lo sigue sufriendo hoy en día. Por ejemplo en algunos lugares, por increíble que parezca, su homosexualidad puede motivar la pena de muerte. En nuestro país siguen siendo insultados o agredidos en la calle. Por eso me llama la atención que algunas personas de este mismo colectivo hayan podido perder la sensibilidad para percibir que están siendo intolerantes y coactivos contra personas como yo, simplemente por estar en desacuerdo con sus postulados. Entiendo que les pueden mover razones diversas, buenas intenciones incluidas, pero lamento sinceramente que actúen así porque, en mi caso al menos, se trata de acciones y afirmaciones injustas y equivocadas.

Recientemente, no me dejaron impartir una conferencia en una universidad (conferencia que nada tenia que ver con la homosexualidad) porque una campaña “contra el homófobo y contra la conferencia homófoba”, fue suficiente para coaccionar a los responsables universitarios que la cancelaron. Esto, a todas luces, es una mezcla de injurias, calumnias, y un atentado contra la libertad de expresión. Estas coacciones se van extendiendo y nos afectan a todos. Si no salimos hoy de nuestros hogares para defender la libertad de expresión y la democracia, futuras generaciones también se verán afectadas. Los ataques que sufro, y que sufre cualquiera que no opine según el pensamiento único que proponen estos colectivos, tienen el mismo efecto que las mordazas de las dictaduras. Estamos ante una sutil dictadura digital del pensamiento único. Algunos medios de comunicación social se han convertido en foros donde uno puede ser condenado por discrepar como si estuviera en un tribunal con condena inmediata e inapelable, sin garantías ni derechos, sin jueces ni abogados, sin fuentes comprobadas (han puesto en mi boca, entre comillas, frases fuera de contexto o que nunca he afirmado). Esto es un peligro social. Es un peligro para la democracia.

Espero que nadie quiera darme lecciones de libertad y democracia pues he nacido y vivido fuera de mi país toda mi infancia porque mis padres se exiliaron como consecuencia de la guerra y de la dictadura franquista.

Quiero dejar claro que cuando hablaba de la homosexualidad siempre me limitaba a mostrar y describir lo publicado en revistas científicas de medicina, lo que dicen expertos internacionales (www.therapeuticchoice.com), lo que algunos colectivos de ex homosexuales de Estados Unidos declaran rotundamente acerca de sus propias experiencias vitales (www.brothersroad.org) y lo que personas homosexuales están afirmando hoy, incluso arriesgando su integridad física por decirlo. Todo es comprobable si uno va más allá de lo que cierta prensa difunde con superficialidad tal vez por razones de conveniencia, ideológicas o por presión.

Con este escrito no pretendo iniciar un cruce de cartas; mi intención es pasar página y seguir con mi trabajo como investigador y profesor universitario. Pero tengo la obligación de defenderme porque quiero que mis cinco hijos sigan siendo personas amantes y defensores de la verdad y de la libertad y les debo este testimonio. También se lo debo a mis alumnos universitarios. Seguiré acogiendo y escuchando a las personas que libremente me lo pidan. Espero que vuelva la razón, la valentía en defensa de la libertad de expresión y el respeto por todas las personas, independientemente de sus convicciones personales.

 

Jokin de Irala

Doctor en Medicina y Doctor en Salud Pública

Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública

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